“Pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos.” 2ª Corintios 9:13 (RVR1960)
Este versículo subraya cómo nuestra obediencia al Evangelio se manifiesta a través de la generosidad y la liberalidad en nuestra contribución hacia otros. Esta acción no solo tiene un impacto en quienes reciben el apoyo, sino que glorifica a Dios y refleja nuestra sumisión a Su voluntad.
En el contexto de la mayordomía financiera, la palabra “liberalidad” destaca una entrega abundante y desinteresada, mostrando que nuestra disposición a dar es un testimonio de nuestra obediencia a Cristo Jesús, quien es la fuente de todas las riquezas.
Analizando las palabras clave en el griego original, “liberalidad” (ἁπλότης, haplótēs) se refiere a la simplicidad, generosidad, y sinceridad de corazón al dar, sin reservas ni pretensiones. Este término nos invita a ser generosos no solo en lo que damos, sino también en la actitud con la que lo hacemos, siempre dispuestos a compartir lo que el Señor nos ha confiado.
“Obediencia” (ὑπακοή, hypakoḗ), por otro lado, se relaciona con la sumisión a la autoridad divina, recordándonos que como siervos de Cristo Jesús, debemos someternos a Su voluntad en cada aspecto de nuestra vida, incluyendo cómo manejamos las finanzas.
El término “contribución” (κοινωνία, koinōnía) abarca el concepto de comunión y participación; cuando compartimos los bienes que el Señor nos encomendó, entramos en una comunión de amor y servicio mutuo que refleja el carácter de nuestro Salvador.
Este principio se ve reforzado en Lucas 6:38: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.” En este versículo, Jesús nos recuerda que al dar con generosidad, recibiremos conforme a esa misma medida, mostrando que Dios recompensa un corazón dispuesto y generoso.
Como administradores de los bienes del Señor, debemos recordar que todo lo que tenemos es de Su propiedad, y nuestra responsabilidad es usar estos recursos conforme a Su voluntad.
Imaginemos a un creyente que ha recibido una suma considerable de dinero. En lugar de gastar impulsivamente en deseos temporales, este mayordomo decide apartar una parte significativa para ayudar a una familia en necesidad. No solo ayuda a satisfacer las necesidades materiales de esa familia, sino que también honra a Dios, reflejando Su amor a través de su generosidad. Este acto de obediencia demuestra cómo nuestras acciones pueden glorificar al Señor y fortalecer el testimonio de la iglesia en el mundo.
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En conclusión, la liberalidad y la obediencia nos permiten manejar las finanzas de manera que honre a Dios.
Nuestros pensamientos deben estar sometidos a Su voluntad, reconociendo que cada recurso que administramos nos ha sido encomendado por Jesucristo para ser usados en Su servicio.
Al vivir conforme a estos principios, podemos reflejar el carácter de Jesús en nuestras decisiones financieras y asegurar que nuestras acciones glorifiquen al Señor en todo momento.


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