ARTIMAÑA 4: Distraer al Oponente con una Pregunta que lo saque del Tema
Introducción general: El arte de tener razón y la nobleza del discernimiento
Arthur Schopenhauer, en su tratado Dialéctica Erística, no escribió para enseñar a mentir, sino para revelar cómo la mentira se disfraza de lógica en la lucha por la victoria verbal. Las 38 artimañas que él identifica no son recetas para el engaño, sino espejos que nos permiten reconocer —en otros y en nosotros— los desvíos de la razón cuando ésta ya no busca la verdad, sino el triunfo.
Estudiar estas artimañas es una forma de fortalecer el pensamiento y la ética del discurso. Así como un médico estudia las enfermedades no para producirlas, sino para diagnosticarlas y combatirlas, del mismo modo, quien ama la verdad debe conocer las formas en que ésta puede ser distorsionada.
Por ello, este escrito —y los que siguen— busca exponer cada artimaña con claridad, mostrar su uso actual, rastrear su presencia en los Evangelios, y sugerir una respuesta sabia, ética y cristocéntrica. El fin no es la manipulación, sino la lucidez; no el uso cínico de la palabra, sino la fidelidad a la verdad que edifica.
Descripción de la artimaña: el desvío estratégico con una pregunta
Schopenhauer describe esta táctica como una interrupción intencional mediante una pregunta sorpresiva. El objetivo no es entender ni dialogar, sino interrumpir el flujo del argumento del oponente, sacarlo de su eje, introducir confusión o llevar la conversación hacia terrenos donde el interlocutor pueda sentirse inseguro o menos preparado.
La clave de esta artimaña es que la pregunta parece legítima, incluso aguda, pero su intención es romper la línea de pensamiento del otro, y no enriquecer el diálogo. Es una forma elegante de sabotaje dialéctico.
Ejemplo ilustrativo:
A: “La ley moral presupone una voluntad libre.”
B: “¿Pero qué entiendes tú exactamente por libertad? ¿Puedes definirlo sin caer en contradicción?” B no busca una respuesta, sino desestabilizar. La pregunta es demasiado amplia, y requiere un desarrollo que interrumpe el curso de A y lo expone a quedar en silencio, lo cual se puede interpretar como una debilidad.
Nombre moderno: Hoy esta táctica se reconoce como falacia de distracción o interrupción estratégica. Es frecuente en debates políticos, entrevistas tensas o discusiones ideológicas donde el tiempo, la presión y la apariencia importan más que la profundidad.
Motivación psicológica: La raíz de esta artimaña está en la inseguridad y el orgullo. Al ver que el otro expone con claridad y convicción, el interlocutor —en vez de escuchar y responder con argumentos— recurre a una pregunta como forma de desviar el foco. Es un recurso de defensa que se disfraza de inteligencia, pero que no busca luz, sino sombra.
Cómo detectarla:
• La pregunta cambia abruptamente el tema
• Es formulada con tono inquisitivo, no cooperativo
• No surge de un punto anterior del diálogo, sino que lo corta
• La reacción inmediata del que habla es de desconcierto o pausa
Cómo responder: La respuesta no debe ser agresiva, pero sí firme: “Esa es una pregunta interesante, pero permíteme terminar el punto que estaba desarrollando. Luego con gusto la abordamos.” De esta manera se expone la interrupción sin caer en ella, y se conserva el hilo del argumento.
La artimaña en los Evangelios: Interrupciones que buscan desestabilizar
Pasaje 1 — Marcos 10:2: “Y se acercaron los fariseos y le preguntaron, para tentarle: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer?” Esta pregunta surge en medio del ministerio de Jesús, no como una búsqueda sincera de orientación, sino como un intento de atraparlo en un debate teológico controvertido entre escuelas rabínicas. La intención era provocar una división de opiniones o una autoincriminación. Jesús no ignora la pregunta, pero responde redirigiendo al propósito original de Dios, desactivando la trampa sin dejar de enseñar.
Pasaje 2 — Lucas 11:53-54: “Los escribas y fariseos comenzaron a importunarlo mucho, y a provocarle a que hablase de muchas cosas, acechándole, y procurando cazar algo de su boca para acusarle.” Aquí se ve la artimaña llevada al extremo: una ráfaga de preguntas que no buscan respuestas, sino errores. Es una táctica deliberada de desgaste mental. Jesús no responde a todas esas provocaciones. Su sabiduría no consiste en satisfacer cada demanda, sino en discernir su origen.
Pasaje 3 — Lucas 20:20-26: “Y acechándole, enviaron espías que se simulasen justos, para sorprenderle en alguna palabra… preguntándole si era lícito dar tributo a César o no.” Aunque esta escena también podría asociarse a otras artimañas, el punto central aquí es cómo los espías interrumpen con una pregunta diseñada no para aprender, sino para hacerlo tropezar verbalmente. Jesús responde con una claridad que trasciende el engaño, devolviendo la pregunta con sabiduría: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.”
Reflexión teológica y práctica: Jesús fue interrumpido con preguntas que buscaban desestabilizarlo. Pero en cada caso, respondió no desde la urgencia del momento, sino desde la profundidad de la verdad. No se dejó arrastrar por el ritmo del adversario. Supo cuándo responder, cuándo callar, y cuándo devolver la pregunta revelando su motivación oculta.
Como cristianos, debemos aprender de su ejemplo:
No toda pregunta merece una respuesta inmediata.
No todo silencio es derrota.
No todo argumento debe ser interrumpido.
Si somos quienes hablan, seamos pacientes con las interrupciones, pero también firmes en mantener el curso.
Y si somos oyentes, cuidémonos de preguntar con arrogancia o con segundas intenciones. El diálogo verdadero requiere respeto por el momento, el tema y la persona.
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Conclusión: La sabiduría del ritmo y la intención. Conocer esta artimaña no es aprender a usarla, sino a detectarla y resistirla.
El buen comunicador no interrumpe para brillar, sino que escucha para construir.
El sabio no lanza preguntas para encerrar, sino para abrir caminos.
Y el cristiano no busca brillar en el debate, sino reflejar la verdad con mansedumbre.
Porque la verdad no necesita manipulación, ni urgencia, ni confusión.
Solo necesita ser dicha con fidelidad… y el Espíritu hará el resto.


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