Francis Schaeffer

El 10 de octubre de 1954, el apologista presbiteriano Francis Schaeffer expresó en una carta un pensamiento profundo sobre la naturaleza de la doctrina y la posición eclesiástica. Schaeffer afirmó: “La rectitud doctrinal y la rectitud de la posición eclesiástica son importantes, pero solo como un punto de partida para avanzar hacia una relación viva, y no como fines en sí mismos.

Este comentario refleja la preocupación de Schaeffer por una fe que se viva y que vaya más allá del mero cumplimiento de normas o doctrinas correctas. Aunque reconocía la importancia de la doctrina y la posición eclesiástica, no consideraba que éstas debieran ser el objetivo último.

Su mensaje era un llamado a entender que la verdad doctrinal y la postura institucional en la iglesia deben conducirnos a algo más profundo: una relación viva y genuina con Dios.

Schaeffer, conocido por su pensamiento profundo y su capacidad de relacionar la fe con la cultura contemporánea, vio cómo en muchas ocasiones la iglesia puede caer en la trampa de priorizar la ortodoxia doctrinal y la conformidad con estructuras eclesiásticas por encima de la esencia de la vida cristiana, que es el relacionamiento con Dios y con los demás.

Para Schaeffer, la verdad de la doctrina era vital, pero solo cuando era un medio para conectarnos con la vida y el amor de Cristo. En la perspectiva calvinista y reformada que Schaeffer defendía, la doctrina es fundamental, pero no suficiente por sí sola.

Una comprensión calvinista coherente nos lleva a reconocer que no es solo el conocimiento intelectual lo que importa, sino la vivencia y la experiencia de la gracia de Dios que transforma nuestras vidas. La ortodoxia se enriquece y se completa cuando va acompañada de una ortopraxia, es decir, de una correcta vivencia y práctica de la fe.

La relación viva que Schaeffer mencionaba implica que nuestra fe debe ser dinámica y encarnada, reflejada en nuestro día a día, en cómo nos relacionamos con Dios y con los demás.

Así, la rectitud doctrinal y eclesiástica cobran verdadero sentido cuando nos llevan a un encuentro real con el Dios vivo, y a manifestar ese encuentro en nuestras vidas a través del amor, la justicia, la paz y la misericordia.

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Este enfoque de Schaeffer sigue siendo relevante para nosotros hoy, ya que nos invita a examinar si nuestras creencias y prácticas religiosas son simplemente un ejercicio de conformidad o si realmente estamos experimentando una relación transformadora con Dios.

Nos recuerda que la verdadera fe no es simplemente una serie de proposiciones teológicas, sino una experiencia de vida que nos lleva a reflejar la gloria y la gracia de Dios en cada aspecto de nuestra existencia.

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